Han pasado los años… una de las más persistentes sugerencias, de mi madre… fue asistir a la cena anual de la Infantería de Marina.
Me tocó hacerlo en 2 oportunidades. Aquella primera vez, me tocó compartir la mesa con Isel Damián Romero y su esposa Nancy.
Después de 13 años. Volví a lo que conocí como el RAA. N º 1. Por allí colgué una foto en la que estoy al lado de un guanaco bebé. Y del otro lado está mi hermana Ana María.
En aquellos días, yo observé bajar de un helicóptero Aloette III. A PAPA NOEL.
Todavía cierro los ojos, y recuerdo la escena… todos esperando la llegada de papá Noel.
Le habían hecho una suerte de cetro, arriba de una suerte de escenario… habían apilado las mesas y allí hasta arriba teníamos que escalar, para verlo a Papá Noel… que nos llamaba a todos por el apellido.
Sorpresa que me llevé, fui el único que escuchó… el mismo apodo que papá y mamá siempre dijeron. Marquito.
Peor, cuando asustado, creo que por la altura… Papá Noel… que me reclama un beso y escucho. NO TE ASUSTES, soy YO Collar.
Por aquellos días… Cabo Principal de Infantería de Marina. Hombre robusto como un roble. Vecino del barrio… vestido de Papá Noel.
Allí en ése lugar… por aquellos días… supe comer los pollos más ricos, en mucho tiempo. Y luego… ver Estación Polar Zebra. (Aquí Alerta en el Polo Norte) con Sir Richard Burton. Muy Jovencito… lo miré con mi papá, cuando también era Cabo Principal de IM. En el mismo salón que oficiaba de comedor.
Allí fue mi primer destino dentro de la IM. Como parte de la primera promoción de Voluntarios IM.
Tenía que volver. Y mamá deseaba que vaya a la cena.
Y aquella vez, le dije a Damián. Es este año Señor. Quiero ir a la cena con Usted.
No había cruzado el acceso principal… Y ya las emociones fuertes… empezaron a gestarse. Deje a la Legendaria Súper Nelly… ahí cerca de la cancha de Básquet del BIC 1
Al terminar… y luego de reencontrarme con un montón de caras… añejas… con ése sabor de haber cumplido, tenía que volver. Y allí los dejé a la familia Romero me acerqué a ésa cancha de básquet… Y observé aquel detalle que me llevó a recordar a papá y a mamá.
De ése lugar… papá… cortaba las rosas para llevarlas a mi mamá. Lo recordaba hace días tomándole fotos a las rosas del jardín de Aliba.
Me transporté en los recuerdos a esa cena anual y a esa cancha del BIC 1.
Fue como esa última escena de la saga Stars Wars “Cuando Lucke Skywalker observa a Obi Wan, Anakin Skywalker, y al chiquitín… Maestro Yoda en el mismo plano”
Si fue una suerte de redención. Aquella noche. Absolutamente. Después de 13 años… era tan necesaria esa cena. Como aquella vuelta de 4200 kilómetros.
Había llegado el 2009. Y empezaba a acomodarme para un año más que particular. Mi vida informática, tomaba cuenta de algunas estadísticas… y observé que una de las más visitadas páginas del Blog de los Voluntarios IM era aquella que describía la oración a UN HIJO. Escrita por el General US Douglas McArthur
Semana, semana y días antes. De aquella llamada a mi sobrino mayor. Y de recibir aquel mensaje clave. Vengase tío… el abuelo no pasa de ésta semana.
Pedí permiso a mi empresa. A través de mi supervisor… coordiné con mis hermanos y luego de la desilusión de no haber encontrado repercusión a mi último pedido a mis medios hermanos, de Despeñaderos… “Avisen cualquier novedad”
Me armé de paciencia para no explotar… de la bronca. Y creo que no exploté, por aquella señal particular… que fue encontrar aquella oración vista por muchos lectores, de fuera de las fronteras de mi país.
Papá me la hizo conocer a través de un viejo número de la Revista Desembarco.
Tomé la legendaria TUS. Y en verdad las películas me distendieron un poco más. Debía llegar y empezar a informar.
Bajé en la Terminal he inmediatamente me fui al hospital. Allí estaba en una habitación exclusiva, aislado del resto. El cuadro era terminal. Sin hidrodinámica, le funcionaba solamente una porción de un riñón. Tenía un estado avanzado de Necropsia.
Cada seis horas, le suministraban morfina. Y respiraba en un 20 por ciento de su capacidad pulmonar.
Estaba ubicado en la camilla, en casi una posición fetal. La piel no tenía un mililitro de humedad.
Era un cuadro espantoso, para una persona que había desparramado salud por los cuatro costados. El mismo “paisaje” humano, que supimos ver unos 18 meses atrás cuando habíamos viajado los tres hermanos hijos de María Adela Demarchi y Saúl Nicolás Reynoso.
Pero esta vez, era tal cuál lo había definido su primer Nieto. No pasaría de una semana.
Todo un concierto de extremos.
Por un lado… preparado para ir, y preparado para volver. Educado para la fecha. Y acarreando todos esos días de Marzo-Abril 2002.
Por el lado opuesto… “jugando a la continuidad de una sola estrategia y una oscura conducta.”
Papá siempre nos dijo. Y siempre lo habíamos hablado con mamá de grandes… Vos te preparaste. Toda una vida mamá. Para escuchar golpear la puerta, y recibir la noticia.
“La patria ganó un mártir. Ud. Perdió a su esposo”.
El dijo. Muchos años antes… y cuando gozaba de una salud envidiable. SI PASARA ALGO INEVITABLE. Yo no quiero que estén tristes. Van a quedar a cargo de su mamá, deben acompañarla siempre.
Él la preparó. Pero quiso Dios que ella se fuera primero.
Mi primer reclamo, estando en Córdoba… fue que los más chicos… desde Simón para abajo… vinieran a despedir a su papá.
Después de escuchar las más estúpidas excusas. No puedo hacerlo. Son muy chiquitos… Siempre lo vieron entrar a un hospital y volver a salir…
Dios que todo lo ve… una vez más me puso las palabras justas, en el momento justo. MUJER HACE 10 años, venía peleando mi papá contra su ACV. Y vos, hace 10 años sabías que iba a existir este día… y le vas a ¿Negar a tus otros hijos a que se despidan?
Creo que si mi adrenalina, se podía medir, si competía en las 500 de Indianápolis… picaba en punta seguro.
Pero, insisto. Como Dios todo lo mira. Pronto apareció primero mi sobrino Ricardo. Quién sí, se comportó de acuerdo a las circunstancias. Y luego, apareció su señora Sandra.
Luego La madre de Sandra. Jorgelina.
La sucesión de imágenes contrapuestas se sucedía. Ignacio y Sandra… significaban la esperanza.
Papá parecía un soldado en pleno combate. No contra la enfermedad. El Accidente cerebro vascular… era tal vez, para ése nivel y por aquellos momentos… un detalle. En el resumen que siempre dijo que haría en sus horas finales… la palabra FRAUDE, fue más doliente que el mismo ACV.
Volví a viajar con mis chapas de perro. Y mi rosario. Me aferré a ellos, de la mejor forma. Como también me aferré, al “pelotón” que había formado, el primer nieto de papá.
Creo que en el segundo o tercer día… sentado al pie de la cama… suministrado sus miligramos de morfina. Tomé su mano… y allí le practiqué “nuestras señas de combate” buscando los cuatros dedos de su palma en forma de gancho… y marcando sus cuatro dedos con la yema de mi pulgar.
En el acto, sintió esa seña… y lo demostró con una respiración profunda. Como si le hubiera dado un electroshock.
Allí abrió sus ojos, casi secos… y me regaló aquella última lágrima. A pesar de su cuadro de deshidratación.
Atrás mío, estaba la mamá de Sandra. Quién observó todo. Y me escuchó decir… Papá voy anotar eso como un milagro.
Volvió a repetir aquel gesto… aquel primero… para mí, hacía 10 años atrás.
Respetuoso de aquél momento… me levanté y dejé por unos instantes la sala de cuidados intensivos.
Esa tarde escribí aquella anteúltima poesía. Que era como decirle a DIOS. “Por favor llévatelo”. Si algo debía… enteramente lo pagó.
Al tercer día, me comunicaron que habían ido los otros niños a despedirlo.
Volví a decirlo. Era su deber.
A pesar de ello, fui blanco de algunos comentarios… inocuos, que atentaban contra mi último tributo. Nadie puede decir, que elevé una mala palabra. Porque el mejor tributo que le podía hacer a mi papá en sus últimos minutos… era recordar aquellas buenas cosas, pequeñitas que tuvimos.
Todo en silencio. Usando la misma receta que había formulado y había escrito años antes con la partida de mi mamá.
¿Porqué habré sido el único que los observó de la mano, como dos chicos de quince años, en Mar del plata en 1990?
¿Por qué habrá sido el único que volvió al Lago Fagnano en la Isla Grande de Tierra del Fuego?
¿Por qué habrá sido haber entrado a la Infantería de marina, en aquella unidad última que pisó él? (Y cumplir mis cuatro años de servicio, en aquel lugar dónde estaba la ex EPSIM)
Todavía cierro los ojos y lo veo acercarse a la puerta externa del Hotel de Oficiales Solteros de la BNPB. Y escuchar su pregunta ¿Qué estas haciendo acá?
Yo no fui a Europa, como lo hizo él. Europa en 1989… vino a ése lugar. Y yo estaba allí de telefonista.
Todavía cierro los ojos y lo veo sentado en la casa de la familia Villa. Repasando las más viejas fotos que guardadas en una caja de zapato… con la que apareció Margarita… diciendo ACA ESTA EL POSTRE.
Vaya que se emocionó en ése viaje.
Cuando se cruzó primero con el por aquellos días, SIIMAC Acuña. Quien fuera “medio ahijado suyo”.
Y después… con el por aquellos días… SIIMCO Paredes. El fotógrafo de aquella carrera del centenario de la infantería de marina de aquel año 1979.
Todos me preguntaron por él. Más de una vez. Tal vez más de uno esté esperando leer estas líneas.
Yo solamente puse mi mejor voluntad para cumplirle. Y cumplirle a todos los que supieron reconocer su trabajo como respetar el mío.
HASTA PUEDO DECIR, que le he cumplido al que alguna vez… se atrevió a escribir… “estoy seguro que usted es tommya_8000@yahoo.com el hijo de Saúl Nicolás Reynoso” El mismo que años después ESTABA MUY INTERESADO EN DARME CLASES de HONOR.
Y que se atrevió a tildarme de soberbio. Lo voy a decir públicamente aquí. Creo que a mis compañero de promoción… Primera Promoción de Voluntarios de Infantería de marina… No le ato NI LOS CORDONES. (Frase de mi papá)
Como también creo que ESE SEÑOR… No puede dar clases de NADA. Ni a mí y a nadie.
Por lo pronto… LE DI CLASES DE CÓMO HACER UNA CARTA ABIERTA…
Que también todo el mundo leyó.
La vida me ha enseñado a como bajarle el pulgar a ésta clase de personas. Porque si de una cosa he de estar convencido; papá siempre detestó la dialéctica. Y a las personas que practican la DIALECTICA.
Dialéctica.
Otra de las palabras que aparecieron aquella última noche en el hospital. No hay medias verdades. Hay mentiras completas. Y quien genera mentiras completas, como estrategia, el peso de su ruindad… dialéctica… alguna vez, le explotará como una gran súper nova.
Y el pensamiento dialéctico, es lo que ha perforado a las mejores instituciones de éste país.
Trasladamos a papá… a la localidad de Despeñaderos. Y ya conociendo la novedad… emprendió el viaje mi hermana María Fernanda.
Yo volví a Córdoba a buscar mi equipaje de mano, junto a algunas cosas para Sandra e Ignacio.
Ya en ése trayecto, explotaba mi teléfono… pero poco podía hacer debido a no tener crédito en el teléfono. Recuerdo que recibí el llamado de La familia Torres Delgado desde Mendoza.
Prometí continuar con la misma conducta. Y no dejarme caer… por nada del mundo.
Creo que en ése instante de volver… escribí mentalmente aquel último poema. El que dice por ahí.
“Mi pelotón seguirá de pie… hasta el último cartucho”.
Esa mañana siguiente en Despeñaderos… Ya estaba mi hermana. Y las que llegaron a media mañana, algo antes de cerrar el cajón… fueron las Hermanas de papá.
A quienes no veía, hacía muchísimos años.
(La tía Negra y la Tía Mary).
Ya estaba acarreando mucho tiempo desvelado. Estaba observando muchas cosas juntas. Escuchando muchas palabras espontáneas… INOCUAS. Tomé a uno de los chicos y busqué una florería cerca.
Allí compré unos cuántos claveles. Con la dedicatoria hecha en nombre de sus hijos, TODOS y todos sus nietos.
A los minutos finales… allí estábamos María Fernanda, y mis dos sobrinos… los futuros padres de JOAQUIN.
De la otra orilla… de la sala. El resto.
De pronto… mi hermana… me llama la atención. Se acerca una vez, encendida la antorcha para sellar el cajón… me dice:
- Eh Infante… La Bandera se va con él.
Inmediatamente le ordené esperar al soldador… y le repetí las mismas palabras.
La Bandera se va con él.
Y allí, Mi hermana y yo… se la acomodamos para su descanso final.
Marcos.